domingo, 4 de noviembre de 2012

'Wetware', de Rudy Rucker

Wetware. Rudy Rucker. 1988

Wetware es una novela de ciencia ficción del subgénero biopunk del escritor norteamericano Rudy Rucker. Esta novela es  la segunda dentro de la tetralogía Ware

Para disfrutarla y entenderla es necesario leer con anterioridad la primer novela de la serie, Software.



Precaución: A continuación se narran eventos de la novela anterior, si no deseas enterarte de ellos no continúes leyendo.

La novela inicia 10 años después de los eventos ocurridos en la novela anterior. Cobb Anderson, el creador de los boppers (robots lunares autoreplicadores que no se rigen por las leyes de Asimov) es convencido por los mismos boppers de dirigirse a la luna con el fin de renovar sus desgastados órganos artificiales, al llegar allá le hes revelado que tienen un plan especial para el, digitalizarlo e integrarlo en un cuerpo robótico.

El viaje a la luna de Anderson es compartido por el joven junkie Stahn "Stay-hi" Mooney. Mooney participa en la guerra civil robótica entre los boppers normales y los "gigantes". Eventualmente regresa a la Tierra, conoce a Wendy, una chica perteneciente a un culto robótico que Cobb Anderson crea con el fin de fortalecer su agenda, y sienta cabeza.

Fastforward 10 años después, Mooney esta de regresó en Einstein, la principal ciudad lunar, y se ha convertido en un adicto de Merge, una droga que permite el desdoblamiento celular y convierte a la persona que la consume en una masa amorfa de tejido, hasta los huesos se liquifican durante el tiempo que dura el chute. Después de un tiempo las personas vuelven a la normalidad.

Della Taze, sobrina de Cobb Anderson, es una bióloga al servicio del genetista mas reconocido del mundo, el Dr. Yukawa. Della reside en la luna y comparte la adicción al merge con su novio. Un día, mientras yacen amorfamente en la tina, llega un individuo y corta en pedazos al novio de Della. Ademas de implantarle un embrión muy especial en ella.

Al recuperarse y ver a su novio cortado en pedazos, Della sufre de pánico y regresa a la Tierra con su familia. Alli descubre que esta embarazada y su hijo es un espécimen humano muy, pero muy especial.

En un extraña ocurrencia de justicia poética, los boppers encuentran una forma de introducir código de software dentro de un embrión humano. Este embrión tiene la capacidad de desarrollarse como un niño normal, con una diferencia muy marcada. Tienen un crecimiento super acelerado, y desarrollan un año humano en un día de vida. 

Sus necesidades alimenticias no tienen fin, así como su necesidad de reproducirse, los boppers crean robots de carne, o meatbops. Y las consecuencias de esto son imprevisibles.



Acabo de descubrir recientemente a Rudy Rucker, y se me ha hecho uno de los exponentes más interesantes del cyberpunk.

Rucker no tiene la habilidad de William Gibson para enhebrar oraciones, e inventa unos modos de hablar bastante extraños, una jerga o slang, que no suena para nada futurista, sino como jive-talking, un slang de los años 40.

Lo que si tiene Rucker a diferencia de Gibson es un amplio conocimiento de las ciencias computacionales, y aunque los CPUs de los boppers rechinan un poco por su inconsistencia, tiene ocurrencias muy ingeniosas, las cuales vale la pena ponderar, por ejemplo la creación de los propios boppers.

Un sistema autoreproductor de software no puede generar un sistema más avanzado que él mismo. Por lo tanto, Anderson utiliza las leyes de la selección natural con el fin de generar diversidad en el mundo bopper. Estos necesitan crear un scion cada 10 meses, un nuevo cuerpo en donde depositar todas las experiencias recabadas, esto crea un conflicto por los escasos recursos lunares.

Ademas, dos boppers pueden converger y crear un tercero, utilizando una analogía de software para imitar el intercambio genético como mecanismo evolutivo. Y ademas, los boppers necesitan integrar sus software a un servidor que tiene una función pseudo-mistica, pero lo que hace es reordenar al azar algunos registros de sus sistema operativo, con el fin de imitar las mutaciones producidas por las partículas interestelares en nuestros células reproductivas.

Me gusta mucho las ideas de Rucker, y estilisticámente es una mezcla de Philip K. Dick, William Burroughs y William Gibson, pero más extravagante.

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