viernes, 6 de marzo de 2015

Station Eleven, de Emily St. John Mandel

Station Eleven. Emily St. John Mandel. 2014

Survival is insufficient

    Esta es una novela de prosa contemporánea, que bien puede agregarse al amplio catalogo de obras apocalípticas como The Stand de Stephen King, The Road de Cormack McCarthy o Mensajero del futuro de David Brin. No tenía conocimiento de la existencia de la autora o de la obra, pero me llamo la atención un post de Alastair Reynolds en donde la alaba, lo que terminó de convencerme fue una halagadora reseña de Christopher Priest.

   Reynolds y Priest son dos autores que admiro, así que asumí que algo que les gusta es probable que a mi también. Por esta vez no me equivoqué.

  Lo que hace interesante este libro es su distanciamiento hacia las obras con las que la comparé. En lugar de centrarse en la muerte y la destrucción, la autora inteligentemente mueve el punto de vista entre los personajes, humanizándolos tremendamente. 

  La novela inicia con la representación del Rey Lear en un teatro de Toronto. El protagonista, la antigua megaestrella de cine Arthur Leander, muere de un ataque cardíaco durante la obra. Jeevan Chaudhary, antiguo paparazzi y actual estudiante de paramédico es el único en darse cuenta, Jeevan sube al escenario a aplicarle a Arthur la maniobra de RCP. Kristen, una de  las niñas actrices, es afectada profundamente por este evento.

  Cuando Jeevan se dirige a su casa recibe una llamada de un compañero del hospital donde trabaja, quien le avisa de una variante de influenza verdaderamente mortal, The Georgia Flu, y que debe escapar de inmediato de la ciudad o en su caso resguardarse con provisiones.

  Un mes después la gripe de Georgia se ha convertido en una pandemia que ha matado al 99% de la población mundial.

   La novela tiene varias lineas narrativas, la principal se ubica 20 años después del Colapso,  en donde somos testigos de las desventuras de los sobrevivientes, Kristen es una mujer de 28 años, y forma parte de una trope itinerante llamada The Travelling Symphony. Un grupo de músicos y actores que recorren el estado de Michigan. Pero también vuelve a la vida de Arthur Leander y a la gente que lo rodeo, analiza todas esas pequeñas cosas que hacían funcionar sus vidas.

  La supervivencia no es suficiente, este anuncio (originalmente de Star Trek) escrito en uno de los carromatos de The Travelling Symphony es el corazón de la obra. Es este tema lo que mas asemeja a Station eleven con The Postman de David Brin y la aleja de The Road o The Stand. El deseo infantil y patético, pero conmovedoramente humano, de reconstruir las instituciones del pasado, para no perder la cordura en un mundo lleno de profetas religiosos y caníbales. 

   El combustible de la obra es una pregunta muy potente, a mi consideración es: ¿Qué mueve a los seres humanos mas allá del dinero o el sexo? ¿Mas allá de la recompensa o el aplauso? ¿Que significa el nombre del libro, en el contexto de la historia? El mayor triunfo de la novela, a mi consideración, es que nos pone a pensar en esta enorme infraestructura que hemos construido, esta red de personas invisibles que nos protegen y cultivan nuestro alimento y destapan nuestras cloacas para que nosotros podamos hacer arte y programar y diseñar y realizar todas las actividades humanas completamente alejadas de la supervivencia básica.  

   Potente, conmovedora, melancólica, ingeniosa, leer esta obra fue un placer. No es perfecta ¿Pero qué cosa en el mundo lo es? La única recomendación es que no se aproximen a ella esperando una historia apocalíptica típica.


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