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La fabrica de pesadillas, de Thomas Ligotti

La fabrica de pesadillas. The Nightmare factory. Thomas Ligotti. 1996

   La fabrica de pesadillas es una recopilación de ventitres relatos a medio camino entre la weird fiction y el horror del escritor norteamericano Thomas Ligotti.

   Esta obra es una recopilación formada con relatos seleccionados de las tres primeras antologías del autor Songs of a dead dreamer (1989), Grimscribe: His live and works (1991) y Noctuary  (1994)

   Normalmente consideraría que en una recopilación más es mejor, pero el problema de este libro es que el estilo y temática de los relatos no varia demasiado, creando la sensación de que se están repitiendo los relatos, por lo que se aconseja leerlo en pequeños bocados, para que no provoque indigestión.

   La obra inicia con un excelente ensayo, Los consuelos del terror, en donde Ligotti demuestra poseer una aguda mente, que analiza con facilidad los mecanismos de porque el genero de terror es tan exitoso.
El horror, al menos es sus presentaciones artísticas, puede ser un alivio. Y, como cualquier agente de la iluminación, puede incluso conferir una sensación de poder, sabiduría y trascendencia, especialmente si el agraciado lo es de buen grado y tiene auténtico gusto por los antiguos misterios y un miedo genuino por las trampas y los embustes que un corazón voluntarioso suele percibir en lo desconocido.
   No tengo el espacio (ni la inclinación) para realizar un sumario de todos los relatos. Así que tan sólo mencionaré los relatos que me afectaron, ya sea intelectual o  emocionalmente.

  La antología inicia en buena forma con El Reposo, en donde el psicólogo de una prisión dialoga con su mujer acerca de un preso que presume de tener poderes sobrenaturales, un relato bastante efectivo. El segundo relato, El último festejo del arlequín, es otro trabajo bien logrado, un antropólogo se dirige hacia un poblado donde se celebra un tenebroso festival de arlequines, La fiesta del bufón, el desfile muta en algo más sombrío.

  En El arte perdido del crepúsculo se narra la vida de un aristócrata recluido, quien guarda un oscuro secreto familiar. La secta del idiota es un relato basado en los mitos Lovecraftianos, particularmente en Azatoth, el dios ciego e idiota. Este relato contiene uno de los mejores párrafos de todo el libro.

Déjenme escribir, mientras todavía pueda, que la transformación no se ha limitado; ahora me resulta difícil continuar con este manuscrito sin manos, estos tentáculos que no paran de moverse apenas pueden coger el bolígrafo, y estoy perdiendo la voluntad necesaria para pasar una garra arrugada por esta pagina. Aunque me he alejado a mucha distancia del pueblo, su influencia no ha disminuido. En estas cuestiones es aterrador como desaparecen las leyes del espacio y el tiempo. Yo estoy ligado a unas leyes menores, unas fuerzas extrañas que intervienen mientras yo me quedo mirando impotente. 

 Otro relato que me gusto por su ambientación fue El Glamour, en donde un hombre que le gusta realizar paseos durante la noche entra en un cine muy especial. Y por último, Las ferias de gasolinera, un relato más cercano al weird que al horror, en donde se observan tenebrosas ferias que aparecen solamente en gasolineras abandonadas.

   Es interesante que el autor anterior que leí fue Laird Barron, pues a pesar de compartir el gusto por el horror cósmico con Ligotti, son dos autores completamente diferentes. Mientras que Ligotti expone un horror lánguido y sugerente, el de Barron es visceral y contundente. Es como si fueran el Ying y el Yang de la literatura de horror contemporánea.

  La sutileza de Ligotti podría provenir de la poderosa influencia de M. R. James en su obra, con el omnipresente horror cósmico Lovecraftiano, Bruno Schultz, el estilo gótico de Edgar Allan  Poe y también el tono oscuro y weird de Robert Aickman. Mientras que en Barron la influencia más clara es Algernon Blackwood, los noir y hasta Jack London.

  Creo que la obra de Ligotti no es para todos los gustos, una característica que delimita la recopilación es que todos los relatos son muy parecidos en su ambientación, esto produce una sensación de tedio o deja vu en el cerebro. Puede tomarse como un libro que se deguste un relato cada dos o tres días, para dejar que se asienten correctamente en el inconsciente.


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